mié. Ene 19th, 2022

Reseña: Whitechapel – «Kin»

Desde su formación en 2006 y a lo largo de sus ya 15 años de trayectoria, el nombre Whitechapel ha sido fuertemente asociado con una etiqueta muy puntual: “Deathcore”. Lo cual no es para menos, puesto que rápidamente esta banda originaria de Knoxville, Tennessee se convirtió en uno de los máximos pilares y exponentes de este relativamente nuevo subgénero del Metal. ¿Acaso quién no recuerda ese explosivo debut con The Somatic Defilement? ¿O el legendario This Is Exile? ¿O el aplastante A New Era Of Corruption? Álbumes de una primera etapa que cimentó para siempre su legado en la élite del Deathcore. 

Para nadie ha sido un secreto que Whitechapel en los últimos años ha emprendido una interminable búsqueda de evolución musical, en la cual no se conforman con haber dejado su marca en lo más alto del Deathcore, desafiando los paradigmas y etiquetas anexadas a su sonido con la firme intención de crecer como músicos con cada aplastante presentación en directo y con cada gran álbum grabado en estudio, a la vez que crecen como seres humanos expresando sus mayores cualidades a través de su arte. 

Esta evolución progresiva de la banda alcanzó un punto definitivo en 2019 con el lanzamiento del majestuoso álbum The Valley, donde Whitechapel experimentó con elementos muy novedosos en su estilo musical que en algunas secciones los alejaban del Deathcore, pero los hacía avanzar enormemente en su búsqueda de una evolución constante en su estilo. Siendo esto aceptado por gran parte de sus leales seguidores que han crecido a la par de Whitechapel como banda sonora de sus vidas por más de una década. 

Más allá de los grandes elementos musicales presentados, The Valley tuvo un plus enorme al explorar por medio de sus letras los horrores vividos por su vocalista Phil Bozeman en su infancia. Quien de manera muy honesta, emotiva y a ratos visceral logró narrar todos estos hechos reales transportándolos hacia las canciones del álbum. 

El escenario estaba dado para extensas giras llevando las canciones de este gran trabajo a audiencias en vivo en todo el mundo, pero la situación global derivada del COVID-19 forzó a Whitechapel a dejar estos planes a un lado, quienes a raíz de esto decidieron cerrar el ciclo de The Valley prematuramente… Pero no su saga.

De inmediato Whitechapel se reagrupó para pensar, escribir y ejecutar lo que sería un nuevo álbum de estudio, tomando la dirección y todos los elementos que hicieron grande a The Valley y magnificándolos aún más, agregando incluso nuevos elementos a este álbum, haciéndolo incluso más versátil que su predecesor. A partir de esta consigna nace el octavo álbum de Whitechapel: Kin.

Lanzado el 29 de Octubre a través de Metal Blade Records y producido por Mark Lewis, Kin fue un trabajo 100% estructurado y concebido por Whitechapel durante la pandemia del COVID-19. Este nuevo álbum representa una continuación directa de los sucesos ocurridos en The Valley, pero con giros muy importantes en su narrativa, conectando todas las canciones del álbum y ordenando su tracklist en un hilo cronológico haciendo cada canción un capítulo distinto, pero unido a el resto de la historia.

Siendo descrito por el mismo Phil Bozeman como “Una aproximación ficticia de una historia no ficticia”, el álbum relata una serie de batallas internas luchadas por su protagonista a lo largo de este álbum contra un ser maligno que yace en el interior de su mente. Este trasfondo de la historia de Kin es perfectamente plasmado en el gran trabajo realizado por Jillian Savage en la realización de la portada del álbum, representando el conflicto interno de ambas partes ilustradas en ella, en medio de estos protagonistas yace un valle, en el cual al voltear la portada podemos apreciar la silueta de un demonio que representa el mal que habita en él. ¿Qué tal lo instrumental? Pues Alex Wade simplemente nos cuenta “Esto es The Valley en esteroides”, así que con esto en mente ya sabemos qué esperar de entrada.

Sin más preámbulos y partiendo justo desde donde “Doom Woods” cerró The Valley con un tenebroso “The devil is alive”, este capítulo llamado Kin inicia con un intro acústico seguido de un contundente “THE DEVIL IS DEAD!” que da paso a “I Will Find You”, tema perfecto e idóneo para empezar este disco, ya que nos da una idea de todas las facetas de Whitechapel que estarán presentes en este disco, incluyendo las referencias y conexiones directas con The Valley que aparecen en las primeras estrofas.

Desde esta primera canción se puede evidenciar un elemento clave en el desarrollo de la trama del álbum y es el uso de las voces por parte de Phil Bozeman, las cuales representan a los personajes que libran una incesante batalla a lo largo de este álbum. La voz limpia representa al “Verdadero yo” del protagonista de esta historia, mientras que a su vez las voces guturales representan al ser maligno de su interior. Quien tiene la intención de encontrar al protagonista tras huir de el valle.

Rápidamente pasamos a “Lost Boy”, primer single oficial de Kin donde las revoluciones de este álbum aumentan de golpe, comandado por la velocidad de la percusión de Alex Rüdinger quien hace su debut en estudio como baterista oficial de Whitechapel tras un año como baterista de gira de la banda. Destacando además la impecable interpretación en guitarras por parte del trío de guitarristas conformado por Alex Wade, Zach Householder y Ben Savage, este último contando además con un magistral solo de guitarra que se fusiona de manera perfecta con la brillante instrumentación que crea un ambiente sombrío y frenético donde brilla un gran riff escrito por Savage quien cuenta que tomó como inspiración el sonido que emiten los búhos de Tennessee para componerlo.

En esta fracción de la historia el protagonista logra encontrar un refugio tras escapar de el valle donde transcurrieron los hechos que marcaron su infancia, pero el ser maligno persigue al protagonista incansablemente hasta encontrarlo. Recordándole que no puede huir de él ya que ambas partes están conectadas y son esencialmente iguales. 

Con un intro sombrío en el bajo a cargo de Gabe Crisp continuamos con “A Bloodsoaked Symphony”, canción de la que se desprendió el segundo single de la banda. En esta canción tenemos un mid-tempo que va al ritmo de un corazón maligno bombeando con furia toda la sangre que podemos ver impregnando todo el videoclip de esta canción que presenta un tinte Groove constante en los riffs mientras Phil Bozeman desata sus ya clásicos growls con toda la maldad posible.

En esta canción el ser maligno se apodera de la mente del protagonista y cegado por una obsesiva nostalgia decide iniciar un ritual de sangre para resucitar a sus padres, aunque al final el resultado no sea el que esperaba, mucho menos el que anhelaba. Apreciándose en la mirada del protagonista al terminar el video de esta canción.

Al llegar a la siguiente canción nos encontramos con “Anticure” la primera balada del álbum comandada por una emotiva y versátil interpretación tanto en guitarras como en voces por parte de Phil Bozeman, quien con sus voces limpias representa al protagonista haciendo un llamado a su ente maligno para deshacer el daño hecho con el ritual maligno de “A Bloodsoaked Symphony”, diciéndole que no tuvo caso intentar revivir a sus seres queridos ya que aunque sus cuerpos viven, sus miradas no son las mismas y sus almas ya no están del todo ahí. Por lo cual es necesario dejar atrás un pasado envenenado que sólo les genera dolor. El ente maligno representado en la voz gutural responde recriminando la debilidad del protagonista y rehusándose a ser controlado por alguien que decide huir de todos sus problemas.

Este conflicto continúa en “The Ones That Made Us”, donde el ente maligno regresa con mayor fuerza y comprendiendo que no puede reunirse con sus seres queridos resucitándolos, contempla una salida mucho más cruel y radical: El suicidio. Acabando con su vida y de paso con la del protagonista para así lograr su cometido.

A lo largo de esta canción el protagonista es seducido para acabar con su vida, ya que el ente maligno intenta convencerlo para tomar esta decisión diciéndole que no tiene caso seguir luchando en vano, ya que sus seres queridos esperan por ellos. Teniendo a su vez una última oportunidad para deshacerse de su cobardía.

Instrumentalmente esta parte del relato es perfectamente ambientada por malignos riffs y envolventes melodías en las guitarras, pero la verdadera estrella de este brillante trabajo es Alex Rüdinger. Quien con patrones muy versátiles y variados influenciados por el Jazz logra crear un caos controlado donde hay fills sumamente brillantes y breves blast-beats. Es como si capturara un rayo en una botella y usara esta energía a su voluntad.

En “History Is Silent” el protagonista con un tono muy nostálgico recuerda todo lo que lo hizo feliz durante su infancia, a la vez que cuestiona cómo fue que llegó a verse envuelto en este intenso conflicto. Mientras aparece también el ente maligno que expresa su impotencia al no poder llevar a cabo sus planes.

Phil Bozeman en varias ocasiones ha sido muy abierto sobre la influencia que bandas como Tool y A Perfect Circle han tenido en su estilo al interpretar voces limpias. Esto se evidencia totalmente en esta canción, donde Phil logra implementar un estilo inspirado por estas dos bandas a la vez que agrega sus propios matices y voces guturales en los coros.

La calma con la que “History Is Silent” termina es un contraste perfecto para dar entrada a la explosiva devastación liberada con “To The Wolves”, que es sin duda la canción más pesada de Kin donde Whitechapel demuestra que en medio de toda la experimentación y evolución presentada en este álbum todavía son capaces de llegar al núcleo de su poder y desatar toda su furia a toda potencia. 

Los fans más “Vieja escuela” de Whitechapel tendrán un sentimiento muy familiar con esta canción, puesto que tiene una estructura muy similar a “End Of Flesh” de su álbum A New Era Of Corruption, aunque con una que otra variación que añade grandes dosis de frescura y dinamismo a esta pista que comandada por un feroz blast-beat de Alex Rüdinger ambienta la furia y resignación del ente maligno al darse cuenta de todo el daño que ha ocasionado y del mal que representa, asumiendo que sus métodos sólo traen dolor y angustias. A la vez que desea misericordia para el protagonista mientras él espera un castigo merecido por sus acciones.

A partir de este punto ambas partes sufren una notable división, el ente maligno en la canción anterior se da cuenta de la gravedad de sus actos y llegando a “Orphan” el protagonista sufre la desolación al sentirse vulnerable por perder no sólo a sus seres queridos, sino también a un ente que ya había hecho parte de él. En esta sección el protagonista siente que se despide una vez más de sus seres queridos, deshaciendo el hechizo del ritual efectuado sobre ellos en el capítulo de “A Bloodsoaked Symphony”. Reanudando así el descanso de sus almas.

Este sentimiento de desolación es transmitido a la perfección por Whitechapel en una majestuosa balada en la que Phil Bozeman canta 100% con voces limpias, sintiéndose tan cómodo con esta técnica que ya incluso adopta nuevos matices y añade nuevas dosis de fuerza en su canto. Destaca también el hermoso solo de Ben Savage que se fusiona perfectamente con la emotiva atmósfera que esta canción busca plasmar.

Una de las grandes claves para el éxito instrumental de este álbum es la gran capacidad de Ben Savage de plasmar por medio de su instrumento las emociones que cada canción del álbum busca recrear. Savage tiene rienda suelta para liberar su creatividad en “Without You”, un breve instrumental acústico que crea un ambiente de suma paz y calma, una espacio de tregua y paz en medio de la batalla interna librada a lo largo del álbum.

La calma temporal oculta la pesadez que aparece de golpe cuando “Without Us” inicia con un riff sumamente aplastante y una atmósfera muy Doom Metal comandada por Alex Wade y Zach Householder en la sólida base de guitarras rítmicas, donde el protagonista de esta historia encara una vez más al ente maligno. En este último encuentro ambos se ponen de acuerdo en que no hay razón alguna para revivir el pasado, puesto que ese portal está sellado por siempre, por lo cual es necesario dejarlo atrás y encarar el futuro. Ambos logran finalmente comprender que se necesitan el uno al otro para existir, haciendo las paces tras un largo conflicto librado hasta ahora representando así una victoria del protagonista.

Esta victoria se ve consolidada llegando a “Kin”, canción homónima del álbum que cierra esta historia y confirma la victoria del protagonista sobre su ente maligno. Este capítulo final es ambientado en una hermosa y emotiva balada en la que predominan las guitarras acústicas y un épico solo de guitarra a cargo de (Nos ponemos todos de pie y aplaudimos) el señor Benjamin Savage, quien nos regala una de sus mayores interpretaciones en la guitarra no sólo de este álbum sino también de toda la discografía de Whitechapel.

En este final ocurre un momento definitivo de la historia cuando el protagonista empieza a expresar la simpatía que siente hacia su ente maligno, haciéndole saber que a pesar de los múltiples conflictos y el daño que causó él entiende que sus razones fueron honestas, por más que sus métodos hayan sido los más viles e incorrectos. El ente maligno comprende esto al repetir también “Our delusion is the easy way out” (“Nuestra ilusión es la salida fácil”), mientras la voz gutural se hunde en medio de las voces limpias en el coro final. Sellando así la victoria de Philip Bozeman al absorber al mal de su ser y listo para moverse hacia adelante con su vida, dándole un emotivo desenlace a esta historia llamada “Kin”.

Una vez más Whitechapel desafiando todas las expectativas musicales que crecen a su alrededor han logrado subir un escalón más en su crecimiento como artistas, trascendiendo mucho más allá de etiquetas y subgéneros con una nueva obra maestra en la que básicamente han dominado el arte de composición de álbumes conceptuales, algo que hicieron muy bien en The Valley pero llevaron a nuevos niveles esta vez en Kin.

No es seguro decir si Kin supera o no a su álbum predecesor, de todas maneras no es necesario caer en esa discusión ya que ambos álbumes se complementan fuertemente entre sí. Son dos álbumes que además de la evolución y madurez musical, son unidos por el testimonio viviente de alguien que por medio de su don artístico nos enseña a entender, afrontar y abrazar las emociones del interior por más oscuras que éstas lleguen a ser. Siguiendo hacia adelante soltando las cargas del pasado, sin dejar de honrar a todos los que quedaron en la memoria. Haciéndonos decir al terminar este álbum simplemente: “Gracias Philip Bozeman y gracias Whitechapel».

En memoria de Daniel Peláez (1999 – 2021)
Facebook Comments

Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *