sáb. Nov 27th, 2021

Santa Claws the Serial Killer on the prowl. This stock image has a horizontal composition, full moon and dark woods background.

La farsa de la Navidad

Cuando llega la época navideña es irremediable observar un cambio conductual en la sociedad. No se trata de una intuición sino un hecho: La tradición y el  arraigo se mezclan con los fines comerciales y generan una burbuja vacacional. Este periodo se asocia en este periodo los olores a castañas asadas en armonía con la blanca nieve y la serenidad, sin embargo, por otros lares, se relaciona más con el sabor del chontaduro, los cálidos vientos tropicales y el ajetreo generalizado.

Aunque, como apartado común a todas las culturas de base occidental, en estos días las ciudades toman conciencia de sí mismas,  se engalanan y se visten de fiesta, los hogares se decoran minuciosamente con el arbolito de plástico chabacano y las lucecitas ordinarias de fabricación china. El pesebre más ostentoso es menos humilde en las casas más pudientes o en aquellas que aparentan serlo. Si no te has electrocutado aún en casa con la decoración anormal, sufrirás la incertidumbre por adquirir un regalo para tu estimado nuevo cuñado o para tu venerada ex suegra, obligación que se convierte en un infierno para la mayoría de las personas, salvo claro está, seas mujer de retos y con ese don especial por la pulcritud y la agudeza se te presente tal suplicio como un desafío. Todo es posible por tratar de quedar bien, hipócritamente.

Por añadidura, un exceso en los gastos navideños durante esta época puede traducirse en una mala entrada en el año, endeudado y con la resaca de haber gastado inútilmente. Lo peor es, quizá, que el efecto fetiche de lo material desaparece pronto y nos encontraremos a solas embriagados con nuestra propia miseria. Luego, para demérito de la organización social en la que vivimos, arrancaremos currar a mediados de enero con mal cuerpo y peores dineros. Basta con apagar la televisión y abrir los ojos al mundo, y pensar, para darse cuenta de ello.

La farsa de la Navidad es aquella se subyace entre los compromisos que se repiten a menudo en cada núcleo familiar, entre todas las distracciones de las cenas de trabajo, los regalos comprometidos a los familiares o los acontecimientos religiosos. Son eventos ineludibles que además debes acatar con una sonrisa, te gusten o no.

Esta vorágine predicha es contraria a cualquier alma aventurera, pues todo está programado sutilmente para que las presentes navidades sean calcadas a las anteriores y así sucesivamente. La justificación a este comportamiento social se limita a que se trata de una costumbre familiar, es cultural y encima, en los hogares estadounidenses también ponen el arbolito dichoso, entonces,  cómo poder cuestionarlo ante tales sólidas tesis.

Una de las razones de mayor peso sobre nuestra conducta en esta época no tiene relación ni con la tradición, ni con el arraigo o la cultura de un lugar en particular. Son los mass media que sustentados de la publicidad, ven en el tramo final del año la oportunidad de generar ingresos y maquillar sus deficitarias cuentas anuales. Esta necesidad vital de los medios por facturar junto al empuje de las marcas por vender y salpimentadas con las pagas extra, crean un entramado complejo para que el ciudadano no pueda resistirse a la enternecedora mirada de su tarjeta VISA. No hace falta decir que todos mordemos el anzuelo en alguna ocasión y que no es malo mientras no caigamos dentro de la perniciosa burbuja.

Facebook Comments

Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *