vie. Nov 27th, 2020

Entrenador de barrio y maestro global

Crónica de una mañana con el entrenador de Manny Pacquiao y miembro del salón de la fama del boxeo, Freddie Roach 

Los Ángeles, CA. Nada más aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX), mi tío, el diseñador angelino Christopher Pérez, y su primo, el fotógrafo de boxeo Danny Sosa, me recogen para darme una sorpresa mayúscula. Primero me invitan a desayunar unas gambas en el curioso restaurante Bubba&Gump de Santa Mónica, se conoce que a raíz del éxito de la película Forrest Gump (1994), la productora Universal Studios decidió crear esta franquicia y expandirla por todo Estados Unidos. Al menos eso me contaron.  Y segundo, nos apresuramos para llegar a nuestra cita con el miembro del salón del fama del boxeo, Freddie Roach.  

El Wildcard Boxing Club es un gimnasio fundado por Freddie Roach hace más de 30 años.  El glamour no lo conforman esbeltos edificios, paredes recién pintadas o interiores con  pantallas planas con el mínimo resquicio de tecnología punta, no way. Por el contrario, la opulencia la producen algunos de sus famosos clientes como Miki RourkeMario López (de la popular serie juvenil Salvados por la Campana) o de otros profesionales del boxeo de  la talla de Manny Pacquiao, Tyson Fury o Chávez Junior.

Subimos por unas oxidadas escaleras externas que dan acceso a la segunda planta, donde entrenan la mayoría de los miembros del club. La clientela la componen hombres de todas las edades con alguna mujer, mayoritariamente de las que cumplen con el estereotipo de rubias californianas, aquellas que residen o pretender residir en Beverly Hills, pero del lado de la colina, donde las mansiones más finas y el término exclusividad son una nota tan común como redundante.

 

Observo un ring, punching, sacos, combas, percibo sonidos a fuelle tensado, a golpes en seco y sobre todo a ese aroma distintivo mezcolanza peculiar de sudor y cuero. Quien haya entrenado a boxeo sabe de lo que hablo y da lo mismo que pases la fregona o abras las ventanas para ventilar, ese poso o resquicio de esfuerzo humano es in aeternum. Digamos que el boxeo siempre se aprende en el barrio, en un gimnasio local. Hay poco glamour al respecto, ya seas un gran campeón del mundo y residas en Los Ángeles, o bien procedas de una ciudad miserable y desconocida de Irlanda del Norte; un gimnasio es de box es lo que es. Con nosotros está presente la hermana de Freddie, que con su pequeña recepción en la entrada a mano izquierda le echa una mano a diario en la logística del gimnasio. Tienen un aire.  Por cierto, entrenar un día cuesta solo 5 dólares.  

Después de curiosear y saludar los presentes, bajamos de nuevo las escaleras, mientras, Freddie me comenta que comenzó hace 35 años el negocio, y adquirió el local de dos plantas por 10.000$ de la época. Recuerda a su padre, quien en su adolescencia les había construido un cuadrilátero en el jardín de casa, y que cuando llegó a Los Ángeles, con la ayuda de sus primos y de materiales que encontraron en un vertedero, pudieron construyeron su primer ring en Wild Card Boxing Club. Sonríe mientras me lo cuenta. La solvencia económica no era precisamente su gran virtud,  pero a base de mucho trabajo, hoy en día tiene arreglada la vida. Durante su trayectoria ha consolidado  22 campeones del mundo del boxeo hasta la fecha. 

Llegando al último escalón nos topamos con una sombra gigante que antecede a la persona un  afroamericano muy pasado en kilos. Tras saludarle, en cuanto le damos la espalda me explica, en voz baja,  que el muchacho siendo profesional enfrentó al mismísimo Floyd Mayweather Junior, pero que su carrera no trascendió más,  dándome a entender que no levantó cabeza desde entonces y que lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta.  

Le debí caer bien porque cuando se suponía que nos íbamos a despedir , -y a falta solo de unos días para el combate entre Pacquiao y Broner-, nos abrió las puertas secretas del espacio privado de entrenamiento de la leyenda filipina. Y partir de ese instante es cuando todo se empieza a poner interesante.  

El búnker de Pacquiao

Manny Pacquiao entrena en una planta baja que se parece a un búnker. Hay cámaras de seguridad y el acceso está restringido. Posee la planta baja los mismo metros cuadrados que el gimnasio para todos los públicos.  Como la visita era una sorpresa, no pude prepararme nada, de modo que me dediqué a hablar con el maestro y dejar que las preguntas fluyeran solas. 

Freddie, tú hiciste como profesional a Manny Pacquiao. Lo descubriste y lo convertiste en una legenda del boxeo.  Eso es la hostia.  

«No lo tengo tan claro (sonríe). ¿Yo le hice a él o él me hizo a mí como entrenador? Creo que le debo yo más a él (sonríe) ,  gracias a su trabajo y disciplina durante tantos años este gimnasio es lo que es. Se puede decir que yo hice a Manny y él me hizo a mí como profesional«.

 «Igual llega ahora Mickey», dice Freddie mientras mira el reloj.  

¿Mickey Rourke? ¿El actor?, respondo cariacontecido.  

«Sí, Mickey es amigo mío. Está completamente loco pero es una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida«.

Mickey mantiene con Roach una relación de amistad forjada durante años de altibajos del actor neoyorkino. Me confirman que es un tipo extravagante a la par que muy amigable. Acude al gimnasio cada semana de forma regular y entrena muy duro.  

Mientras recorremos con  la mirada todas las fotografías que cuelgan del gimnasio, una de ellas nos llama la atención. En ella aparecen los personajes Ivan Drago y Rocky Balboa de la película Rocky IV y está firmada con dedicatoria. Freddie se percata de mi concentración sobre la mencionada instantánea.  

“Están todo el día juntos, me llaman mucho para ir a cenar a menudo”.  (Me interrumpe Freddie, antes de que termine de explicar la fotografía).   

“¿No me digas? Después de tanto tiempo, qué curioso”. (En ese momento desconozco que están trabajando juntos en la película Creed II). 

Mientras charlamos , irrumpe su manager. Es una chica joven , y con el estereotipo muy marcado de latina angelina sofisticada, estilo Jennifer López,  sin embargo más sobria y menos vulgar. Se muestra circunspecta y seria, y por cómo nos trata, aparenta ser una mujer de carácter . Me cuentan que que llevan juntos mucho tiempo y es su mano derecha, una persona para todo,  para manejar su imagen, el gimnasio, y a fin de cuentas: el negocio. Dicen que es un cerebro.  

El maestro del boxeo mira fijamente cuando habla, denota sinceridad y transmite calma. Me cuenta que no huye a la prensa, que puedo preguntar de todo, es espontáneo y pasional en la réplica, sin embargo comedido. Sobrio y cercano, su sonriente aspecto es la mejor muestra de que disfruta más que ninguno cuando repasamos la historia del boxeo y sus polémicas. Tiene mejor aspecto a su edad que la mayoría de personas que conozco, quizá el hecho de no beber ni gota de alcohol, sumando la influencia del bien hallado clima angelino y por qué no decirlo, una cuenta cuenta corriente más que saludable, tenga entonces algo que ver para que torne esa piel en blanquecina. Hidratada. De anuncio de cremas revitalizantes.  

Me habla de España, que tiene muchas ganas de volver y que es un país fantástico, le dije que si iba que yo me ocupaba de todo el vino que bebiese. Se lo ofrecí a sabiendas que es abstemio. Quizá venga este 2019. 

En un momento determinado, habíamos rodeado al bueno de Freddie entre Danny, Chris y el garrulo que escribe, pero lo más cojonudo era que el que más disfrutaba de la plática matutina era él; por un momento, llegué a pensar que yo era un  angelino más de éxito y que lo que estaba sucediendo formaba parte de una rutina. Quiero vivir en Los Ángeles balbuceaba para mis adentros. 

Mientras escaneo con la mirada las paredes repletas de fotografías y posters de peleas me detengo en una en concreto. Señalo con el dedo aquella que hace referencia al 7 de junio de 2014 en el Madison Square Garden de Nueva York entre Miguel Cotto y Sergio Martínez

 Freddie, ¿sabías que Maravilla Martínez  forjó su carrera en España? No le conozco personalmente pero tiene fama de ser buena gente.

 «Sí claro, unas semanas después de esa pelea me lo encontré en el aeropuerto y fui a saludarle, ¿sabes que se sintió extrañado? Le dije, Sergio, esto es un circo, yo no tengo nada en contra tuya,  eres un buen muchacho (sonrió). 

 Oye Freddie, cambiando de tema, en el Canelo Vs Golovkin…¿a quién viste ganar?  

«El primer combate lo ganó claramente Canelo, y en el segundo,  el vencedor fue c laramente Golovkin».   

Me quedo perplejo ante su respuesta, en vista de que yo siempre había pensado lo contrario. Mientras continuo mirando con el rabillo del ojo el cuadrilátero y luciendo una medio sonrisa, esperando que, tal vez, alguien se dé por aludido y cortésmente me invite a saltar al mismo ring donde entraron Miguel Cotto, Manny Pacquiao, Oscar De La Hoya o Shane Mosley.  

Afortunadamente me invita a subir al ring a tomar unas fotos con él. Me dice que me sienta como en casa.  Nos explica que una vez le fue a visitar Mohamed Alí, y que después de bromear con un grupo numeroso de chicas,  entrenaron una serie de combinaciones con Freddie a las manoplas y Alí dibujando mariposas en el aire con su renacentista sello. Durante el ejercicio  ninguno sufrió los efectos de la enfermedad que compartían: Parkinson. Sus manos no temblaron.  

Créditos: SONOFA PÉREZ

Mientras salimos del aparcamiento, me voy con la sensación de haber compartido rato espléndido con un gran tipo. Un maestro. Un hombre de verdad, no un impostor que aprovecha el momento. Uno de los muchos detalles que corroboran mi opinión, es que si una celebrity que vive en Hollywood, se toma la molestia en conocerte, te hace preguntas, es dialogante y se interesa en tus impresiones, significa que te considera de igual a igual, no hay endiosamiento. Ese es Freddie Roach, un tipo de barrio,  humilde, trabajador, exitoso.  En fin, reitero, un maestro.  

Por cierto, me confirma las negociaciones con entre Mayweather y Pacquiao para una segunda revancha. 

CRÉDITOS:

Wild Boxing Card, LA.
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